Restaurante La Guisandera de Piñera: tradición asturiana con alma en el corazón de Madrid

Descubrir un clásico que no conocías siempre es una alegría. Eso me pasó el pasado viernes, cuando fui a cenar en familia a La Guisandera de Piñera, un restaurante en Madrid con profundas raíces asturianas que, sin artificios ni modernidades innecesarias, ofrece una cocina honesta, sabrosa y llena de matices. Ubicado en el barrio de Chamberí, este local forma parte del legado del prestigioso chef Pedro Martino y de su manera de entender la gastronomía: desde el sabor, desde la memoria, desde el producto.

La Guisandera de Piñera no es un sitio nuevo, pero es de esos restaurantes que siguen brillando con luz propia por la constancia y el respeto a la buena mesa. Desde que entras, sientes que estás en un lugar donde se viene a comer bien, sin tonterías, con el producto por delante y el cariño en la cocina. Ambiente cálido, elegante sin pretensiones, con ese aire de comedor clásico que reconforta y te hace sentir en casa.


Vista del comedor de La Guisandera de Piñera con mesas vestidas y bodega al fondo, foto de José Cotino
El acogedor comedor con su bodega al fondo

Entrantes para empezar a celebrar

Como éramos varios en la mesa, optamos por compartir varios entrantes, lo cual fue un acierto porque pudimos probar un abanico muy representativo de lo que ofrece La Guisandera.

Empezamos con una ración de Jamón ibérico 100% “Valle de los Pedroches”, de corte impecable, punto de curación perfecto y ese sabor profundo que solo un buen jamón de bellota puede ofrecer. Un comienzo clásico pero infalible.

Le siguieron unas croquetas cremosas de picadillo, que no sólo estaban bien fritas y crujientes por fuera, sino que su interior era pura melosidad, con ese sabor de guiso de casa que a veces se olvida en las versiones más modernas de este bocado.

Primer plano del pastel de centollo gratinado con piquillos servido en La Guisandera de Piñera, foto de José Cotino
Delicado y sabroso pastel de centollo gratinado
Almejas a la sartén con su salsa servidas en La Guisandera de Piñera, foto de José Cotino Escrivá
Almejas irresistibles y llenas de sabor

Después llegó uno de los platos que más nos sorprendió de la noche: un pastel de centollo gratinado con piquillos, delicado pero sabrosísimo, con el dulzor del pimiento y el sabor marino del marisco en un equilibrio casi perfecto.

Y luego, unas almejas a la sartén, de las que manchan las manos y hacen feliz el alma. De esas que te obligan a mojar pan, a chuparte los dedos sin culpa y a agradecer que aún existan cocinas que no tienen miedo de ensuciarse para darte placer.


Platos principales que reconfortan

Entre tanta opción apetecible, decidimos compartir dos platos principales, que resultaron ser el broche de oro para una cena redonda.

Por un lado, el rabo de toro guisado al vino tinto con patata pisada: tierno hasta la melosidad, intenso de sabor, con una salsa que pedía pan a gritos. Un plato de los de siempre, bien hecho, de cocción lenta y alma honda.

Y por otro, un bacalao al pil-pil clásico, de esos que respetan la emulsión, con el pescado en su punto, jugoso y sabroso, y una salsa pil-pil como mandan los cánones, con su brillo característico y ese vaivén de ajo y aceite que nunca falla.

Rabo de toro guisado al vino tinto con patata pisada servido en La Guisandera de Piñera, foto de José Cotino
Rabo de toro cocinado a fuego lento en vino tinto, acompañado de una suave patata pisada
Bacalao al pil-pil clásico servido en La Guisandera de Piñera, con su salsa emulsionada, foto de José Cotino
Bacalao al pil-pil con su salsa ligada al punto, un clásico bien ejecutado
Plato de cardo guisado con leche de almendra y trufa servido en La Guisandera de Piñera, foto de José Cotino
Una versión sorprendente del cardo tradicional

Un inciso necesario para mencionar el cardo guisado con leche de almendra y trufa, que probamos entre los entrantes y los principales. Un plato fino, original en su combinación, que me sorprendió por su delicadeza y profundidad. Acostumbrado a tomar el cardo de forma más sencilla, aquí encontré una versión diferente, rica y perfectamente ejecutada.


Dulces que cierran con altura

Para los postres, nos decantamos por dos clásicos que conviven con orgullo en la carta de La Guisandera. Compartimos una tarta cremosa de queso, de textura sedosa y sabor intenso, que demuestra que no hace falta reinventar la rueda para emocionar. Y también un tocinillo de cielo con chantilly, puro yema y dulzor bien medido, acompañado de una nata montada ligera que contrastaba de maravilla.

Tarta de queso cremosa servida en La Guisandera de Piñera, foto de José Cotino
Textura sedosa y sabor intenso en esta tarta de queso
Postre de tocinillo de cielo acompañado de chantilly en La Guisandera de Piñera, foto de José Cotino
Dulzura clásica con un toque ligero de nata montada,

Valoración final de José Cotino Escrivá

La Guisandera de Piñera es uno de esos restaurantes donde se viene a comer, no a posar. Cocina asturiana de fondo y de forma, sin aditivos ni florituras innecesarias. Producto, técnica y respeto. Una atención cercana, profesional y muy amable, que redondeó una noche perfecta en familia. Me sorprendió para bien, y sin duda volveré.


Datos de interés


Conclusión: cocina de verdad sin tonterías

Si estás buscando dónde comer buena cocina asturiana en Madrid, alejada de las modas pasajeras y con un sabor auténtico, La Guisandera de Piñera es una opción muy recomendable. Perfecto para cenas en familia, celebraciones o simplemente para darte el gusto de volver a los sabores que reconfortan. Aquí no se viene a jugar con el plato, se viene a disfrutarlo.

Retrato de José Cotino Escrivá, crítico gastronómico y creador del blog Sabores del Mundo
José Cotino Escrivá, apasionado de la restauración y cronista culinario en Sabores del Mundo. Siempre en busca de buenos arroces, platos honestos y lugares con alma.

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