Restaurante La Ancha (Príncipe de Vergara, 204): cocina castiza con alma en una terraza ideal en Chamartín
Una comida entre amigos en uno de los grandes clásicos de Madrid
Esta semana, aprovechando el buen tiempo y con ganas de ponernos al día, quedamos un grupo de amigos a comer en el Restaurante La Ancha, situado en el número 204 de la calle Príncipe de Vergara, en pleno distrito de Chamartín. Aunque muchos lo asocian con el centro de Madrid, esta ubicación ofrece un ambiente más tranquilo, perfecto para quienes buscan buena gastronomía sin el bullicio del barrio de Salamanca.
Nos sentamos en su terraza, amplia, bien montada y muy agradable, con sombra y espacio suficiente para disfrutar sin prisas. Una de esas terrazas que invitan a quedarse más allá del café, donde el servicio acompaña sin agobiar y el entorno te permite centrarte en lo importante: la comida y la conversación.
La Ancha es uno de esos restaurantes con historia, de los que mantienen el respeto por la tradición culinaria sin dejar de evolucionar. Llevan más de un siglo defendiendo una cocina española de producto, sabrosa y sin artificios. Un valor seguro en la capital.
Entrantes para compartir: reinterpretaciones con sabor auténtico
Como buenos comensales inquietos, empezamos pidiendo varios entrantes para compartir. La elección fue variada y acertada. El primero en llegar fueron las alcachofas confitadas con yema de huevo y jamón ibérico. Un plato espectacular, sencillo en apariencia pero lleno de técnica y sabor. La yema aportaba cremosidad, el jamón profundidad, y las alcachofas, perfectamente confitadas, eran pura mantequilla vegetal. De esos entrantes que podrías repetir sin cansarte.
Luego vino una de las grandes sorpresas de la comida: la tortilla española guisada con almejas a la marinera. Es cierto que también la ofrecen con callos, pero nos inclinamos por la versión marinera. Y qué acierto. Una tortilla jugosa, que casi se deshace al cortarla, bañada en un guiso marinero con almejas fresquísimas. El resultado es un plato reconfortante, diferente, que respeta lo clásico y lo eleva con un giro inesperado. Nunca la había probado así, y me encantó.
También llegaron unas croquetas de jamón ibérico, muy bien ejecutadas: bechamel cremosa, rebozado fino y crujiente, y ese sabor inconfundible a buen jamón. Otro clásico que en La Ancha se trata con el respeto que merece.


Principales: tradición, técnica y homenajes sabrosos
Ya en los platos principales, cada uno optó por lo que más le apetecía, y eso nos permitió probar varias joyas de la carta. No podía faltar el mítico Escalope Armando, uno de los platos más emblemáticos del restaurante. En este caso pedimos el «Baby», que ya es generoso de por sí; el original es gigantesco, solo apto para verdaderos campeones. Este escalope, nacido como homenaje a un cliente argentino habitual, es todo un espectáculo: crujiente, fino, jugoso, cubierto con huevo y trufa que lo convierten en un bocado contundente y delicioso.
También probamos los dados de merluza con salsa de chipirones, una combinación muy lograda. La merluza estaba en su punto exacto de cocción, y la salsa, sabrosa sin enmascarar el sabor del pescado, tenía ese toque marino profundo que solo se consigue con buena materia prima y tiempo al fuego. Un plato delicado y reconfortante.
Y no podían faltar los Callos a la madrileña, que uno de los amigos pidió por recomendación de otro buen comedor. Servidos con garbanzos y morros bien gelatinosos, eran un canto al recetario castizo, con el punto justo de picante y esa melosidad que te llena de alegría el cuerpo. Para mojar pan sin remordimientos.


Postre: solo uno… pero inolvidable
Después de tantos platos, solo nos atrevimos a pedir un postre para compartir, pero fue suficiente. La tarta de queso de La Ancha es de esas que dejan huella: cremosa, con la textura perfecta entre flan y mousse, y ese punto tostado por fuera que le da carácter. Sin duda, una de las mejores tartas de queso que he probado últimamente. Un final dulce que redondeó una comida magnífica.
Valoración final
La visita al Restaurante La Ancha de Príncipe de Vergara confirma lo que muchos ya sabíamos: estamos ante uno de los templos de la cocina madrileña. Aquí se respira oficio, respeto por el producto, y una atención al cliente que hace que quieras volver. Comer en su terraza es un verdadero placer, especialmente en días soleados como el que nos tocó.
- Nota final: 8/10
- Precio medio por persona: entre 40 y 50 euros, dependiendo de los platos y si se pide vino.

